1. La salida de la crisis española, en manos del genio de la lámpara

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    Debe ser lo único que tiene claro ese señor de cejas arqueadas y gesto amable llamado Zapatero. En los últimos meses hemos asistido más a un consultorio esotérico que a otra cosa, cada vez que nos asomábamos a Moncloa… ¿o no? Ah… Misterio, misterio… Se lo preguntaremos al genio de la lámpara.
  2. El Madrid ejerce la prepotencia mediática

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    Permítanme que me pase al peligroso terreno del otrora deporte patrio por excelencia, esto es, el balompié, el de los once contra once… Esa práctica medio erótica -y si no, que se lo pregunten al “Buitre” o a la “manita” de Míchel- medio machota que pusieron en alza don Alfredo di Stéfano (en la versión de  la Meseta) y Mundo (en la versión mediterránea)-. Aún me parece recordar a mi abuelo recitando la eléctrica: “Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza”....
  3. A la banca le crece la nariz como a Pinocho

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    Lo que nos faltaba… Ahora nos desayunamos de que algunos banqueros mienten… y cómo: unos milloncitos arriba o abajo (de euros, no se me entienda mal, ¿eh?) en la declaración de beneficios. Los españolitos de a pie nos preguntamos, a medio camino entre la perplejidad, el cabreo supino y la desidia teñida de desesperanza y subsidio, cómo cojones han podido estos señores de Caja Castilla – La Mancha mentir de forma tan escandalosa y sin que nadie se haya dado...
  4. Sueño con un mundo no perfecto pero casi

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    Es lo único que nos permite la abundancia de execrable inmundicia y podredumbre infecta con que nos obsequian los de la corbatita -más o menos estáticos, más o menos encajados en su “mosca”- que se sientan todos los días dicen que a informarnos, desde los “telediarios” que, permítanme el comentario, cada día son más “telemierda”. Mierda amarilla: Que si la folflórica de turno llora a su amor perdido que se la ha pegado con el bailarín con falso rol de...
  5. Zapatero y los bancos, o Ali-Babá y los 40 ladrones

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    ¿Que no? Pues haga usted uso de la imaginación:  Viene un amigo de esos que sólo se acuerdan de llamar cuando toca pedir, y le pide con lágrimas en los ojos y voz lastimera una cantidad -la que sea- de dinero para ayudar a una persona que no tiene dónde dormir ni qué comer… Si la buena causa es vendida por el “amigo” medianamente bien y argumenta lo suficiente sus motivos, hay que ser muy poco caritativo para no ayudarle...